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DETENGA EL ODIO ASIÁTICO: UN LLAMADO A LA ACCIÓN Y POR QUÉ HABLO HOY

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Nací y me crie en los Estados Unidos, nunca he jurado lealtad a ninguna otra bandera que no sea la nuestra. Este país es mi patria. Soy de esas personas que canta canciones patrióticas en los viajes por carretera, y si estuviéramos juntos, sin duda, en algún momento, estaríamos cantando por las ventanas abiertas: “This land is your land, this land is my land" (canción típica americana).

Ser estadounidense es parte de mi identidad, pero en ocasiones me he visto enfrentada, desafiada y herida por los demás. Desde que era pequeña, he visto cómo la gente les gritaba a mis padres, degradándolos por hablar inglés con un fuerte acento coreano. En diferentes períodos de mi vida, hay quienes han jalado para arriba los costados de los ojos con sus dedos, burlándose de mis ojos asiáticos y diciéndome que "me regrese a la China". Me han preguntado si veo las cosas en visión panorámica debido a la forma de mis ojos. Las palabras y acciones dirigidas a mi familia y a mí han ido desde silenciosas y sutiles hasta caóticas y violentas, y durante la mayor parte de mi vida he guardado silencio. Eso termina hoy.

Nos encontramos en el año 2021, enfrentados con el odio y la violencia contra los asiáticos, y la mayoría de nosotros nos sentimos arrasados y entristecidos de tener que afrontar esta situación. Vemos videos que muestran violencia contra ancianos de raza asiática. Leemos sobre los asesinatos en Atlanta y sentimos tristeza, dolor y nos preguntamos cómo esto puede ser real. Retwitteamos hashtags, como #StopAsianHate (paren el odio hacia los asiáticos), como si fuera una llamada a la acción. ¿Cómo es “parar” el odio asiático? ¿Qué pasos podemos dar?

Para algunos de nosotros, parar significa que darnos el tiempo de hacer una pausa y reflexionar sobre cómo estamos y cómo nos sentimos. En los últimos días, me tomé el tiempo de pensar y reflexionar y luego hablar con mis hijos. Cuando les pregunté su opinión sobre qué causa el racismo, el diálogo fue bueno. Pero cuando seguimos mas a fondo, preguntando qué contribuye a la ausencia de racismo, me impresionó la facilidad con la que podían expresar sus puntos de vista. Sus experiencias son suyas y no una repetición de las mías; han tenido una infancia con espacios para expresar sus voces, y libros llenos de personajes con experiencias y antecedentes paralelas a las suyas, y entornos escolares que abordan temas sobre distintas razas, la equidad y la inclusión. Nuestro diálogo ayudó a revitalizar mi optimismo y esperanza en que nuestros hijos, y no solo los míos sino los nuestros juntos, dispongan del lenguaje y las herramientas para ayudar a crear el futuro que buscamos.

Para otros, parar puede significar conversar con amigos y familiares. Puede que usted se sienta inseguro sobre qué decir o que tenga miedo de decir algo incorrecto. Pero abrirse al aprendizaje, ser vulnerable y decir: "no estoy seguro de qué decir" o "me preocupa que pueda decir algo mal, pero estoy dispuesta a hablar, escuchar y aprender” puede hacer maravillas. Al acercarse y mostrar su apoyo, sus acciones transmitirán mucho más que algunas cuantas palabras "perfectas". Crear un espacio para que las historias se transmitan, expresen, ventilen y salgan a la luz, podría ser su punto de partida.

Además de hacer una pausa, entablar un diálogo y acercarnos a los amigos y familiares, vayamos más lejos. Interrumpamos la retórica y las narrativas racistas con nuestras voces, insistiendo en el cambio y usemos lo que Nelson Mandela ha llamado el arma más poderosa a nuestra disposición: la educación.

Resolvamos educarnos a nosotros mismos y a los demás sobre lo que significa ponerle fin al odio. Paremos el diálogo cuando escuchemos un lenguaje que crea un "nosotros" contra "ellos". Eduquemos, informemos y transformemos para que existan políticas y prácticas que apoyen la equidad tangible para todos. Hagamos nuestra parte para cambiar la narrativa y la experiencia de todas las personas que han sufrido el racismo, el odio y la violencia a lo largo de nuestra historia, durante generaciones, e incluso hoy, en el año 2021. Hablemos con y escuchemos a nuestros niños, quienes, en mi opinión, están alcanzando monumentales avances en las áreas de raza, equidad e inclusión. Protejamos a los ancianos de los atropellos de acciones racistas y de la violencia reprehensible. Escuchemos a quienes han guardado el silencio y a quienes han sido testigos de la tragedia y la desesperación con sus propios ojos – ojos que pueden tener la misma forma de los míos. Hagamos esto juntos, hoy.